El pequeño tamborilero

24.01.2013 12:00

Mi primera batería la compré cuando cumplí once años. Desde que llegué de Estados Unidos a finales del verano del 73, me dediqué a ahorrar todo lo que pude, pues ya mi papá me había advertido que a él le parecía que eso de tocar batería era una “friebre” pasajera, y por lo tanto, yo tenía poner parte del dinero y él me completaba lo que fuera necesario. Por esta razón la navidad del 73 y el día de mi cumpleaños (en Abril del 74) les dije a todos mis tíos que si me iban a hacer algún regalo prefería que fuera dinero.

 

Apenas pude me fui con mi papá a una tienda de instrumentos, y preguntamos por los precios de las baterías. El chico de la tienda nos recomendó un modelo intermedio de Premier que estaba a muy buen precio. A los pocos días recibí en mi casa una linda Premier gris escarchado, que completé con unos platillos, no muy buenos, pero en ese momento eso era irrelevante para mí.

 

El vendedor de la tienda convenció a mi padre que me metiera en clases de batería en la escuela de la tienda. Yo pensaba que el profesor iba a ser un tipo parecido a Keith Moon, el baterista de The Who, quien también usaba una Premier. Para mi sorpresa, no era un profesor, sino una profesora, y el look y la actitud no era precisamente la de Keith Moon, sino más bien de monitora de una banda militar. Al mes decidí acabar con las clases e intentarlo por mi cuenta. Desde aquel entonces, las únicas clases formales que he tomado fueron en Madrid en el año 2007, durante unos pocos meses, para aprender a leer ritmos y algunos rudimentos técnicos.

 

El camino de autodidacta no fue fallido, porque además de ganas de tocar y unos padres pacientes, tuve la suerte de toparme con bateristas de verdad que me enseñaban uno que otro “truco”. Así que, siguiendo mis canciones favoritas con la batería todos los días,  e incorporando las enseñanzas informales que iba recibiendo, conseguí un nivel suficientemente “aceptable” como para que me admitieran en mi primera banda cuando tenía unos 13 años.

 

Haciendo memoria de los bateristas que he tratado de imitar (con gran esfuerzo, dentro de mis limitaciones técnicas y artísticas) hay tres nombres que quisiera resaltar: Phil Collins, John Bonhan y Stewart Copeland. Cada uno de ellos tenía un sonido personal y único, y una forma original e impredecible de abordar el  instrumento. Quizás por ellos me convertí en fan de Genesis, Led Zeppelin y The Police. Así que con el permiso de Steve Gadd, Mitch Mitchell, Chad Smith, Carl Palmer, Vinnie Colaiuta, Neil Peart, Jeff Porcaro y tantos otros, voy a dedicar un pequeño párrafo a mis tres grandes maestros jedi: Collins, Bonham y Copeland.

 

Phil Collins, el baterista, es simplemente un fenómeno. Cuando oigo “Supper is Ready”, con sus arreglos  complejos, variados, delicados e intrincados, en esa canción de más de 20 minutos, pareciera que todos los detalles rítmicos estaban gravitando en el aire, perdidos, incluso antes que la propia canción existiera, y que Phil Collins era el único ser capaz de atraparlos y meterlos allí, en orden, con precisión, cada cosa en su lugar. Acojonante. Cuando oigo el solo de batería que hace Phil Collins junto a Chester Thompson en “Los Endos”, como un llamado de guerra entre mil tribus africanas, o la batería brutal y comedida al mismo tiempo de “Dance on a Volcano” o “In The Air Tonight”, me parece que este tío no es humano, es una batería humanizada. Tuve la suerte de verlo en vivo en Caracas, hace casi 18 años. Todo un privilegio. Lamento que las generaciones más nuevas solo lo conozcan como el tío calvito de la voz griposa que canta algunos temas de películas de Disney.

 

Si decimos que Mitch Mitchell (Jimi Hendrix Experience) creó el “fusion” cuando siendo un baterista de jazz viajó hacia el Rock para acompañar a Jimi, podría decirse también que John ("Bonzo") Bonham creó el “meta-fusion” pues siendo claramente un baterista de Rock, fue capaz de incorporar elementos del jazz, la percusión afro-latina y la percusión norafricana, dentro de un arreglo totalmente “rockero”. Un ejercicio práctico para bateristas: tratemos de oír las canciones de Led Zeppelin sin la batería, y pensemos como la tocaríamos. Hay dos posibilidades: la primera es hacerlo de una forma fácil y obvia, sin complicaciones. Al fin y al cabo casi todas las canciones de Led Zeppelin se prestan para ello. La otra opción es tocarlas con los arreglos de John Bonham: impredecibles, juguetones, elegantes y sorprendentes, pero manteniendo la potencia de un verdadero “rockero”. Para mí Bonham consiguió el equilibrio perfecto entre la complejidad y la simplicidad, la rudeza y la elegancia. 

 

Escuché The Police por primera vez cuando recién sacaban su primer disco (Outlandos d’Amour – lanzado en noviembre de 1978). Mi primo Juan que estaba estudiando en Inglaterra, me lo trajo como regalo de navidad a Caracas.  En esa época yo estaba sumergido en el rock sinfónico, así que cuando sonó la primera canción me dije: “¿Qué coño es esto?  …un grupo punk no puede tener un baterista de ese nivel, y la guitarra es demasiado sofisticada…”. Al poco tiempo estaba claro que The Police no era punk: era The Police y punto, únicos, irrepetibles e inimitables. Y en mi opinión no gracias a Sting, sino a los otros dos. Stewart Copeland, ha sido una de las mayores influencias para un gran número de bateristas, con su sonido seco y sólido en la caja, con la incorporación de ritmos de reggae y de medio oriente, con su tempo vigoroso e iluminado y con sus golpes de “splashs” exagerados, brillantes y festivos. Todo un manifiesto de creatividad, libertad, intelectualidad y energía. Todavía recuerdo cuando un buen amigo, baterista también, me dijo que a él Stuart Copeland le parecía un “revienta-cueros”. Fue hace unos 20 años y aún no le perdono el comentario. He tenido la suerte de ver a Stuart Copelan en vivo 3 veces, la última en Lisboa en 2007, y déjenme que les diga algo: en concierto se crece.

 

Hasta aquí por hoy. Si llegaron a leer hasta aquí y todavía tienen tiempo,abajo tienen tres clips con momentos impresionantes de estos portentos.

 

Hasta la próxima!

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