Rock y Naves Espaciales

29.01.2013 12:00

 

A partir de la primera película de "Guerra de las Galaxias" en 1977 nos vimos rodeados de naves espaciales por todos lados. Es cierto que antes teníamos las naves “Perdidos en el Espacio”, “Viaje a las Estrellas” (Star Trek) y “Monstruos del Espacio”, y que Ultramán y Astroboy habían preparado el terreno para esta invasión. Sin embargo la irrupción de la ciencia ficción a partir del 77 fue brutal.

 

Aquellos que tengan discos de rock de aquella época y los años posteriores, hagan memoria de cuántos de ellos tienen motivos “espaciales”. Sin pensarlo mucho me vienen a la cabeza algunas carátulas de Boston, Saga, Jefferson Starship, Pink Floyd, Alan Parsons, y la más espectacular de todas la de “Out of the Blue” de Electric Light Orchestra, quienes además hacían todo su concierto literalmente dentro de una nave espacial. Los que iban más por la onda del disco music creo que lo que recordarán mejor serán trajes de los “Commodores” y de “Tierra, Viento y Fuego”  ;-) 

 

 

En mi caso, la invasión espacial estuvo acompañada por un atracón de libros de ciencia ficción, comenzando por los primeros libros de la saga de la “Fundación” de Isaac Asimov,  “El Fin de La Eternidad” (Asimov), “La Nave Estelar” y “Los Oscuros Años Luz” (Brian Aldiss), y cuanta novela o relato “espacial” pasó por mis manos a finales de los 70 y principios de los 80.

 

Calculo que alrededor de 1982 dí con un libro llamado “Lo mejor de la Ciencia Ficción Latinoamericana”. El libro estaba editado en España, pero compilado por un par de señores no muy ibéricos: Bernard Goorden y A.E. Van Vogt . Uno de los relatos más breves y más sorprendentes de este libro es “Persistencia” (1973) del escritor peruano José Bernardo Adolph (1933 – 2008). No pierdo más tiempo y lo transcribo íntegramente a continuación:

 

"Gobernar la nave se hace cada vez más problemático. Los hombres están inquietos; sólo la más ardua disciplina, las más dulces promesas, las más absurdas amenazas mantienen a la tripulación activa y dispuesta. Una humanidad que ya no se asombra de nada nos vio partir hacia el más allá: estaba ya habituada a una desfalleciente fascinación.

 

Comprendo a todos; estos han sido años de sucesos terribles, de convulsiones. Muertes masivas, guerras, inventos maravillosos: ¿quién podría entusiasmarse por una conquista de aquel espacio que ya nada promete a hombres hartos de progreso?. Los costos son elevados, pero ya nadie se fija en cifras. Corre sangre y corre dinero en estos años en que somos, a la vez, creadores y asesinos.

 

Amo y odio a mis compañeros. En cierto sentido, son la hez del universo; en otro, son balbucientes niños en cuyas manos se moldea el futuro. Abriremos una ruta que liberará a este planeta del hambre, de las multitudes crecientes que ya no encuentran un lugar bajo el sol y que sólo esperan, aterradas y resignadas, un juicio final del que desconfío: ¿cómo se puede ser tan supersticioso en estos tiempos de triunfo de la ciencia, del arte, de una nueva promesa de libertad como la que encarna esta nave?

 

Hamos partido hace meses; en este tiempo solitario hemos recorrido la inmensidad de cambiantes colores, reducidos a lo mínimo. Nos hemos visto convertidos en criaturas desnudas, flotando en la creación: los hombres tienen miedo. Sabían que existía este vacío; lo supieron siempre. Pero ahora que se sienten devorados por él, sus miradas se han endurecido para siempre. El final es un lejano punto que no logro construirles.

 

Huimos de un mundo de miseria y hartazgo; de violencia y caridad; de revolución y orden. Habremos de retornar, sin duda, pero tampoco puedo garantizárselo a ellos. Ven el vacío; no son capaces de perseguir un sueño de plenitud.

 

No hay comunicación con un pasado que sólo recobraremos como futuro. Y mi soledad es mayor: ¡ay de los que poseemos la verdad y la seguridad! Una sola lágrima nuestra, descubierta por ellos, equivaldría a una desesperada muerte.

 

Pero es inmensa la recompensa: al otro lado nos esperamos nosotros mismos, encarnados en esa libertad y en esa abundancia de que ahora carece nuestro planeta. Debemos durar, debemos resistir, no sólo porque el retorno es imposible, sino porque mienten cuando dicen preferir la seguridad de la prisión que dejaron. La verdad, me digo, es obligatoria. Y el encargo que llevamos nos ha sido encomendado por todos los hombres de la tierra, aun por aquellos que no saben de este viaje e ignoran lo miserable de su existencia.

 

El viaje continuará, así tuviera que matarlos a todos y gobernar yo solo la nave. Nadie puede escapar, si no es a través de su propia muerte: confío en sus instintos, más que en sus razonados temores. Hasta ahora no hemos encontrado las horribles pesadillas que algunos timoratos previeron. Sé que todo marchará bien, o todos moriremos juntos; si así fuera, si lo último se cumpliera, otros retomarán la esperanza y esa huida que será un gran encuentro. El cielo es negro sobre nosotros, pero miles de luces nos acompañan; son como sirios de la esperanza. Ellos las miran con temor y odio; no quieren comprender que son guardianes y guías: ¿cómo no sentirse hermano de las estrellas, que observan, comprensivas, nuestra soledad que es la de ellas?

 

Me siento solo, y no me siento solo. ¿Habrá alguien que pueda comprender esta atracción por un abismo que para mí no es una ruta más? Es cierto que a veces tengo miedo, como todos. No soy sino un hombre frente a fuerzas desconocidas: las intuyo, pero no las domino; las comprendo, pero no son mías. Pero sin miedo no hay esperanza.

 

Y, sin embrago, el tiempo es largo, sobre todo para ellos. El viaje se les aparece infinito. Empiezan a sentirse privados de toda realidad; se creen fantasmas de sí mismos. Sus ojos me amenazan, porque siempre hay un culpable. La nave cruje y se mece, la inmensidad es cada vez más aplastante, pese a esos signos que, desde hace un par de días, nos aseguran que no hay error, que mis cálculos son correctos.

 

Debo anotar, pues, que ojalá se cumplan los pronósticos favorables antes que el temor termine totalmente con la confianza. Rogaré al Señor para que tal cosa no ocurra. Danos, pues, Señor, la gracia de poder cumplir nuestra misión antes que finalice este octubre de 1492"

 

Para aquellos que aprecian este tipo de literatura y el cuento de Adolph les haya dejado con ganas de más, al lado pongo un enlace donde podrán descargarse una versión PDF del libro (hoy día está descatalogado y solo se consiguen ejemplares usados).

 

Volviendo a la ciencia ficción en el ámbito de la música, y  ya que estamos en una onda latinoamericana, quisiera hacer una mención muy especial al tema de Lenine “O Dia Em Que Faremos Contato”, del disco del mismo nombre. Igual que en otras canciones de Lenine, podemos apreciar cómo se entrelazan los ritmos brasileños (entiendo que de Pernambuco) con sonidos tecno, la guitarra española y lineas de bajos muy “funky”. Estos cockteles de sonido son siempre extraordinarios, pero en este caso lo más interesante es la letra: los visitantes del espacio no aterrizan en "Sao Paulo, Brasilia o Natal" (o Nueva York o Washington, como ya estamos acostumbrados), sino en un “morro” (cerro) donde vive gente muy humilde, y donde los extraterrestres, vestidos de Orisha, vienen a aprender sobre  convivencia y entendimiento. El caso es que toda la galaxia está en guerra y solo la tierra vive en paz (“…a paz começou aquí”).  Esto es hacer ciencia ficción dentro de la ciencia ficción.

 

Abajo tienen el video, y en el enlace la letra completa de la canción (está en portugués del Brasil - quien hable español con poco esfuerzo podrá entender la letra). Ojo con Marcos Suzano en la percusión. 

 

Hasta aquí por hoy, y como decía Alfredo Escalante (uno de los locutores y promotores de la música rock más importantes en los últimos 40 años en Venezuela): "Que las estrellas los guíen hasta un nuevo amanecer"

 

 

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